Omitir vínculos de navegaciónHome : Número Uno - Agosto 2007 : Miscelanea
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 Miscelánea

La gravísima problemática de los niños de la calle, fenómeno extendido no sólo a toda Latinoamérica sino también a casi todos los países de economías emergentes del mundo y a muchas ciudades de otros que no lo son, es uno de los signos característicos de nuestro tiempo.
Marginalidad, abandono, abuso, temprana relación con drogas y alcohol, inicio en conductas primeramente desviadas y luego delictivas, son síntomas de una sociedad que ha perdido sus raíces solidarias, sus estructuras asistenciales y su valoración del respeto a la dignidad de la persona humana.
Lo que en algunas partes parece nuevo no lo es tanto. José Hernández en la Vuelta de  Martín Fierro (1879), relata en el capítulo XII las desventuras del hijo de Fierro quien conforma un paradigma bastante aproximado de lo que  100 años más tarde serían los niños de la calle.

A más de una centuría del Martín Fierro, a más de setenta años del libro Los Capitanes de la Arena de Jorge Amado, a más de treinta años de observar cotidianamente esta cruel y dura realidad en nuestras calles, esta tragedia social contemporánea no ha tenido ni remedio ni paliativo que haya servido para mejorar al menos un ápice tan agraviante e inhumana situación.
Por eso, recordando que muchas veces los tiempos son otros pero los problemas los mismos, rescatamos esta tan vigente página de Jorge Amado, el bahiano considerado por muchos como el padre de las letras brasileñas.

 

CAPITANES DE LA ARENA

Muchachotes atrevidos, de mirada viva, gesto rápido, aspecto de malandrines, caras chupadas de hambre se acercarán a pediros limosna. También practican pequeños hurtos. Hace cuarenta años escribí una novela sobre ellos. Los que conocí en aquella época son hoy hombres maduros, vagabundos del puerto, con cachaça y guitarra, obreros fabriles, ladrones fichados por la policía, pero los capitanes de la arena siguen existiendo, llenando las calles, durmiendo bajo el cielo. No son una banda surgida por casualidad, cosa pasajera en la vida de la ciudad. Es un fenómeno permanente, nacido del hambre que se abate sobre las clases pobres. Aumenta diariamente el número de criaturas abandonadas. Los diarios anotician sobre constantes depredaciones hechas por esos niños que tienen como único correctivo una zurra de la policía, malos tratos sucesivos. Parecen pequeñas ratas agresivas, sin miedo a nada, de llanto fácil y falso, de inteligencia activa, sueltos de lengua, conocen todas las miserias del mundo en una época en que todavía los niños ricos creen que los bebés vienen de París en el pico de la cigüeña. Triste espectáculo de las calles de Bahía, los capitanes de la arena. Nada hay que yo ame con tan profundo amor como a esos pequeños vagabundos, ladrones de doce años, asaltantes infantiles que los padres tuvieron que abandonar por no tener cómo alimentarlos. Viven por el arenal del puerto, bajo los puentes, en las puertas de los caserones, piden limosna, hacen recados, ahora también conducen turistas. Son víctimas, un problema que la caridad de los buenos de corazón no puede resolver. ¿Qué se gana con orfanatos que albergan a quince o veinte?. ¿Qué se gana con las colonias agrícolas que albergan a media docena? Los capitanes de la arena siguen existiendo. Crecen y se van pero ya muchos otros ocupan los lugares vacantes. Solo matando el hambre de los padres se puede arrancar de su desgraciada vida a esos hijos sin infancia, sin juguetes, sin cariño maternal, sin escuela, sin hogar ni comida. ¡Capitanes de la arena hambrientos e intrépidos!

JORGE AMADO
Bahía de Todos los Santos

Jorge Amado (1912-2001). Nacido en el estado brasileño de Bahía y criado en la ciudad de Salvador, publicó su primer novela a los 18 años, en 1931. Graduado de abogado, se volcó a la actividad política y ello derivó en su exilio en Argentina, Uruguay y Francia. Distanciado de las actividades partidarias fue electo en 1961 Académico de Letras y recibió Doctorados Honoris Causa de Universidades de Brasil, Portugal, Israel y Francia y condecoraciones de Argentina, Chile, España, Francia, Portugal y Venezuela.
Su producción literaria supera los 2000 trabajos, entre ellos 22 novelas, 2 relatos, 2 libros para niños y 2 biografías. Fue traducido a 49 idiomas y publicado en 55 países.
En 1936 publicó Capitanes de la Arena y en 1980 en Bahía de Todos los Santos reseñó brevemente aquella obra mediante la página que transcribimos.
Sus obras más difundidas son Gabriela, Clavo y Canela (1958), Doña Flor y sus Dos Maridos (1966); Tienda de los Milagros (1969) y Teresa Batista, Cansada de Guerra (1972).


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