
 | Número tres - Diciembre 2007 |
|
|
 | Número Dos - Octubre 2007 |
|
|
 | Número Uno - Agosto 2007 |
|
|
|
Tratamiento y Arquitectura Penitenciaria
La arquitectura penitenciaria de nueva Generación
¿Qué es la Supervisión Directa?*
Carlos Alejo García Basalo (Arquitecto)
Resumen
Hasta bien entrado el siglo XX los proyectos para edificios penitenciarios se mantuvieron dentro de los lineamientos originados en los partidos arquitectónicos clásicos. Estos planteos, si bien habían evolucionado desde sus orígenes, resultaban inadecuados para las exigencias de la penología moderna. Durante la posguerra se profundizó la experimentación con nuevos modelos arquitectónicos junto con la incorporación de conceptos provenientes de la psicología ambiental, disciplina que estudia la relación entre el comportamiento humano y el ambiente. Resultado de esta evolución son los recientes proyectos de cárceles y prisiones conocidos como de “nueva generación” que parecen estar destinados a reformular la concepción arquitectónico-operativa de los institutos penitenciarios y cuyo desarrollo y características se presentan a continuación.
“Una auténtica reforma de las prisiones debía comenzar por la arquitectura penitenciaria” (Salillas, 1888).
1. -Evolución de la Arquitectura Penitenciaria
El ejemplo más antiguo que conocemos de edificio concebido para la ejecución de las penas privativas de libertad que agrupa una serie de celdas exteriores en línea es la Casa de Corrección de San Miguel en Roma, obra ejecutada a comienzos del s. XVIII por el arquitecto Fontana por encargo del Papa Clemente XI. Este edificio constituye el primer paso para brindar al recluido un alojamiento individual con adecuadas condiciones higiénicas, de ventilación y asoleamiento.[2]
La célebre Penitenciaría del Este en Filadelfia diseñada por el arquitecto Haviland es un ejemplo acabado de la conjunción de arquitectura y régimen penitenciario. Como tal se constituyó en el modelo de las prisiones europeas del s. XIX.[3], dando el espaldarazo al sistema radial.
El partido paralelo o “telephone pole” utilizado por primera vez por el arquitecto Poussin en la Prisión de Fresnes cerca de París en 1898, que con sus variantes dominó la escena de los proyectos penitenciarios en la primera mitad del siglo anterior facilita, debido a su gran flexibilidad, la incorporación del tratamiento multidisciplinario (García Basalo, 1959).
ón de sus alojamientos, sector clave en los edificios carcelarios y penitenciarios, estos sistemas guardan una característica en común: la alineación de celdas, sean exteriores o interiores, a lo largo de un corredor con lo cual la vigilancia es ejercida en forma intermitente.[4]
El concepto de vigilancia intermitente (ver gráfico) implica que el celador debe efectuar rondas por los pasillos a los efectos de observar la actividad de los internos, con lo cual éstos permanecen sin supervisión durante los intervalos de las recorridas, o bien los agentes se sitúan en salas de control o puestos fijos, generalmente ubicados detrás de barreras físicas que les brindan seguridad, con lo cual las posibilidades de observación son extremadamente reducidas, debido a la disposición interna del edificio.
Los espacios que normalmente no permanecen bajo vigilancia continua requieren mayor protección que aquellos comúnmente bajo observación, dado que brindan una excelente oportunidad para que los internos desarrollen conductas no permitidas. (White, 1935)
2. — Los problemas del enclaustramiento
La congregación en un espacio físico naturalmente limitado, como resulta el ambiente carcelario, de personas que reúnen una serie de facetas que van desde la violencia hasta las patologías psicopáticas agravadas por diversas situaciones culturales y sociales, genera una subcultura con códigos y características propias y particulares.
Dentro de la amplia gama de elementos negativos asociados al enclaustramiento se encuentran la lucha entre los internos por el liderazgo, las agresiones, las conductas desviadas, el contrabando de elementos y substancias no permitidas, los motines, las fugas, los miedos, odios y las tensiones que se generan tanto entre los internos, como entre éstos y el personal, la generación de patologías psiquiátricas y el aislamiento de su familia.
Entre otras causales que favorecen la inseguridad dentro de las cárceles, se pueden enunciar las siguientes:
a) La distribución lineal de celdas a lo largo de un corredor provee amplias oportunidades a los internos de desarrollar conductas violentas y destructivas sin que el personal de custodia lo perciba.
b) la vigilancia intermitente deja a los internos sin observación durante una parte importante del tiempo.
c) inadecuados sistemas de clasificación, cuando no inexistentes, con lo cual se mezclan las más antagónicas variedades de la personalidad humana.

Modelo Lineal de Vigilancia Intermitente
d) la constante rotación de los internos tiende a generar un ambiente inestable e impredecible.
e) sobre población de alojamientos que potencian situaciones agresivas y violentas (Zupan, 1995).
f) Insuficiencia y desigualdad en la distribución de los escasos recursos con que cuentan los internos, lo que se convierte en fuente de disputas y favorece el fenómeno de dominación (Sommer, 1974).
Cabe citar que entre las fallas más importantes atribuibles al diseño arquitectónico en cárceles y prisiones se encuentra la sobreabundancia de barreras físicas, ya sean muros o rejas. Esto dificulta la comunicación entre el personal penitenciario y los internos, llegando en muchos casos a impedir incluso el contacto visual.
En el tradicional entorno carcelario la expectativa que se tiene del interno es negativa. Se basa en que los detenidos desarrollarán una conducta agresiva e imprevisible, lo cual sólo es válido en una porción minoritaria de la población penal.
Debido a este preconcepto la totalidad del edificio suele diseñarse conforme a parámetros de este tipo:
a) No resulta posible identificar a los internos que son de conducta potencialmente agresiva e impredecible.
b) Siempre habrá que pensar en la disfuncionalidad del personal, por lo que el edificio deberá compensar las falencias de los agentes.
c) Las cárceles reciben los elementos más perniciosos de la sociedad, los cuales tienen, durante su encarcelamiento, todo el tiempo para descargar sus impulsos violentos, por lo tanto el edificio y su equipamiento deberán ser a prueba de ataques y virtualmente indestructibles.
c) Los establecimientos se construirán al menor costo posible. El alto valor de los materiales y equipos de seguridad generará un edificio caro por lo que su abaratamiento se producirá mediante la reducción de superficies, generalmente la destinada a los programas de tratamiento y a mejorar las condiciones de vida de intramuros (Nagel, 1973).
Como resultado de estos criterios los tradicionales edificios carcelarios parecieron fortalezas vistos desde afuera y jaulas vistas por dentro (Zupan, 1991)
3. — Orígenes de la nueva arquitectura penitenciaria
Los nuevos conceptos en esta materia son el resultado de pequeños cambios y experiencias que van siendo desarrollados, probados y aceptados en forma paulatina pero constante.
Así a mediados de la presente centuria se estudian y ponen en práctica diversas líneas de acción tendientes a lograr mejores resultados en el tratamiento de los internos y una optimización de los recursos humanos y materiales disponibles.
En Holanda se crea en 1953 en el ámbito del Ministerio de Justicia una comisión interdisciplinaria para estudiar las mejoras a introducir en los establecimientos penitenciarios. La solución ideal parece ser un establecimiento formado por cierto número de pequeños grupos, en los que 20 o 30 reclusos puedan vivir como comunidades autosuficientes. Este concepto que se conoce como “principio del pequeño grupo” tuvo una gran influencia en la creación de la Unidad Funcional (Nelson, 1988) [5].
En Suecia el gobierno designa en 1956 una comisión especial para estudiar los nuevos establecimientos penitenciarios, la cual propone la construcción de varios establecimientos a partir de las siguientes ideas: vasto campo de circulación de los reclusos en el interior de los muros, gran importancia otorgada al trabajo penitenciario, incorporación de dispositivos para economizar personal, disposición de los edificios en el terreno en forma simple y funcional y gran libertad de movimiento de los reclusos en el interior del establecimiento (García Basalo, 1963).
El sociólogo estadounidense Norman Johnston, luego de estudiar con detenimiento la evolución de las tipologías arquitectónicas de las prisiones, extrae las siguientes conclusiones referidas a las tendencias en la construcción de nuevos edificios:
1) La celda ha perdido protagonismo en favor del penal completo. Dado que los tiempos del confinamiento solitario han pasado, la celda moderna es concebida como un dormitorio. Por otra parte, la diversificación del tratamiento, que incorpora la formación profesional, el trabajo productivo, las actividades deportivas y una amplia gama de terapias profesionales determinan que las prisiones no sean un simple conjunto de celdas. Esta situación hace más complejo el movimiento y la clasificación de los internos bajo condiciones razonables de supervisión, lo cual se traduce o bien en el empleo de establecimientos más especializados, o mediante la sectorización por áreas dentro de una misma prisión.
2) Se prefieren instituciones más pequeñas, a pesar de que consideraciones de carácter económico se oponen a este principio.
3) Hay menos énfasis en la seguridad. Las nuevas prisiones tienden a abandonar los muros perimetrales, remplazados por alambrados que proporcionan transparencia, y las plantas físicas tienden a dispersarse en favor de un conjunto de edificios en lugar de una única construcción masiva. Los dispositivos de seguridad en el interior o bien disminuyen o bien se disimulan, buscando un ambiente de apariencia más normal.
4) Existe una mayor intención en producir nuevos diseños, abandonando el “estilo prisión”, en parte favorecidos por la aparición de nuevos materiales. El empleo de celdas individuales con ventanas al exterior, servicios sanitarios incluidos, una mayor superficie en los sectores de talleres y el empleo de sistemas de prefabricación son algunos de los elementos producidos por estas tendencias (Johnston, 1961).
El elevado número de internos de las instituciones norteamericanas dificulta a las autoridades la puesta en práctica del principio del “pequeño grupo” por lo que se proponen nuevas alternativas, de las cuales sobresale la “Unidad Funcional” que por sus características implica un cambio, tanto en la forma de administrar las prisiones, como en la forma de construirlas.
La construcción de una institución para la formación profesional de jóvenes adultos privados de la libertad, en las proximidades de la ciudad de Los Angeles en 1961, es el primer ejemplo de diseño que conocemos de un establecimiento basado en el empleo de unidades funcionales. La necesidad de construir un instituto de 1.200 plazas y la especial población a alojar, junto a la experiencia del estado de California en la construcción de establecimientos dispuestos en forma de “satélites”, desembocó en un planteo novedoso.
El partido arquitectónico del California Youth Training School proyectado a fines de los años ’50 propuso tres “unidades” de cuatrocientos internos en torno a un amplio campo deportivo, junto con las instalaciones comunes, cocina, servicios, talleres, etc. Cada “unidad” era considerada como una pequeña institución autónoma, con sus sectores administrativos y comunes al centro del edificio y las alas de alojamiento dispuestas en forma radial en ambos extremos, cada una con capacidad para 25 internos (U.S. Federal Bureau of Prisons, 1960).
En 1968 el sistema de Unidades Funcionales será implementado por el Federal Bureau of Prisons en los primeros programas de tratamiento para recuperación de adictos a las drogas y más adelante se extenderá su utilización a otras instituciones correccionales.
La Unidad Funcional facilita que los internos formen comunidades homogéneas, que desarrollen una identidad común, conjuntamente entre ellos y con el personal del equipo. Se incrementan las frecuencias de los contactos con el personal y se intensifican las relaciones, lo que conduce a un mejor entendimiento entre los individuos, permite una mejor clasificación y un tratamiento más individualizado. Además existe una mayor posibilidad de evaluación y revisión de los programas, hay una mejor observación de los internos, se facilita la detección temprana de los problemas y se eleva la calidad de vida tanto de los internos como del personal.
Por otra parte se realizaron distintas investigaciones destinadas a evaluar la conducta de las personas encarceladas con relación a su entorno físico, su reacción ante el mismo y la influencia que tienen las características del equipamiento, los materiales y los colores en el comportamiento humano. Estos estudios, sistematizados por la psicología ambiental, condujeron a la elaboración de pautas de diseño que tendieron a lograr un ambiente más normal en oposición al tradicional entorno carcelario.
4. — Generación Uno: el primer prototipo
En 1969 y debido al creciente número de procesados existentes en las ciudades de Nueva York, San Diego y Chicago, el Federal Bureau of Prisons decide la construcción de tres Centros Correccionales Metropolitanos, que por una directiva presidencial debían servir de modelo para mejorar las cárceles de jurisdicción local y estadual.
Raymond Nelson fue el encargado de elaborar los programas a los cuales se deberían ajustar los proyectos. El entonces director, Norman Carlson, dispuso que los nuevos edificios incluyan el concepto de Unidad Funcional y que su diseño reduzca al mínimo el empleo de elementos cuya presencia les recuerde a los internos su permanencia en una cárcel, a fin de obtener un entorno arquitectónico normal y más humano [6]. Así mismo se previó la inclusión de cuartos individuales para los internos, lo que aseguraría la privacidad y la protección personal de éstos y facilitaría el control por parte de los agentes.
A los efectos de lograr una mayor creatividad en el diseño los programas fueron remitidos a los arquitectos encargados con la consigna de que no se consultaran entre ellos durante el desarrollo de los proyectos.
Estas premisas dieron como resultado [7] edificios cuyas características se distanciaban de la imagen convencional que hasta entonces habían ofrecido las cárceles. Las unidades de residencia fueron diseñadas con las habitaciones vinculadas a salas de estar, carpintería de madera, artefactos sanitarios de porcelana, ventanas con vista al exterior y mobiliario liviano. El perímetro de seguridad de las unidades estaba dado por una sólida envolvente perimetral que permitía una relativa libertad de movimientos en interior.

Modelo “Podular” de Supervisión Directa
Raymond Nelson fue nombrado director del Centro Correccional de Chicago. Para poner en marcha la institución el personal, en el nivel de supervisores, fue seleccionado entre agentes con larga experiencia en prisiones federales. Uno de sus principales problemas radicó en que mientras el personal de primera línea fue reclutado en la zona, el 20% del cual era femenino, [8] muchos de los detenidos habían recibido años de “entrenamiento” en las viejas cárceles.
No obstante los temores de Nelson acerca del funcionamiento del nuevo sistema en donde sus agentes deberían interactuar en forma directa con los internos y las características del entorno arquitectónico, que incluía mobiliario común, instalaciones sanitarias y terminaciones convencionales, la vida en las unidades resultó un éxito, lográndose un alto grado en la seguridad y en la protección, tanto de los internos como del personal.
La combinación del novedoso diseño con el nuevo estilo de administración fue bautizada con el nombre de "Nueva Generación" o "Podular/Supervisión Directa", siendo el edificio de planta triangular de Chicago concebido por el arquitecto Weese, el que se convirtió en paradigma de la nueva arquitectura penitenciaria (ver gráficos).
El término “cárceles de nueva generación” se aplica a los nuevos diseños que disponen las celdas en torno a un espacio central (“Pod”[9]) en conjunción con el régimen de supervisión directa (Nelson, 1983).[10]
Los estudios de post-ocupación que fueron efectuados en los Centros Correccionales Metropolitanos determinaron un incremento en la privacidad y un mayor rango de opciones para la relación entre agentes e internos que en cárceles del viejo tipo. El aspecto informal del entorno fue positivamente apreciado tanto por los internos como por el personal. Se comprobó un mayor cuidado por las instalaciones y el vandalismo y los “graffiti” resultaron casi inexistentes. (Wener & Olsen, 1980).
5. — Generación dos: la evolución
No obstante el éxito obtenido con los Centros Correccionales Metropolitanos en el sistema federal, las jurisdicciones locales se mostraron renuentes a emplear el modelo “Podular / Supervisión Directa”[11]. En su contra se argumentaba que los detenidos federales eran una clase “especial” de internos, no tan peligrosos como los que habitaban las cárceles locales.
A fines de la década del ‘70 las autoridades del condado de Contra Costa, en California, debieron afrontar la construcción de una nueva cárcel. Los planificadores tuvieron oportunidad de visitar el MCC de Chicago, quedando impresionados por la forma de operación y los resultados obtenidos. Una vez analizado por las autoridades, se decidió adoptar el modelo propuesto en Chicago, consistente en la disposición “podular” de los alojamientos y en la “supervisión directa” como régimen de operación. No obstante fueron estudiados los informes de post-ocupación a fin de introducir mejoras y evitar los inconvenientes que habían sido detectados en el MCC luego de habilitado[12].
La construcción de este establecimiento[13] permitió la incorporación de significativas mejoras respecto de los anteriores, el cual fue objeto de un estudio y evaluación llevado a cabo mediante la distribución de cuestionarios y la realización de entrevistas tanto al personal como a los internos.
Los resultados de estas investigaciones demostraron que el concepto de distribución arquitectónica “podular” aplicado juntamente con el régimen de “supervisión directa” podía ser transferido exitosamente a otras jurisdicciones. El diseño y el régimen, aplicados en forma conjunta redujeron los índices de agresiones y violencia, al tiempo que se produjeron notables mejoras en las condiciones higiénicas del establecimiento. Tanto los internos como el personal informaron que las condiciones de vida eran superiores a las que habían observado en otras instituciones (Wener, Frazier y Farbstein, 1985).
6. — La Tercera Generación
La generalización del concepto “Podular-Supervisión Directa” potenciada por el auge de construcciones penitenciarias en los Estados Unidos permitió ir mejorando el prototipo original. A esto contribuyeron las evaluaciones post-ocupacionales que demostraron las ventajas de los nuevos diseños, una mayor intervención del poder judicial en favor de mejoras en las condiciones de detención y en la creciente participación de arquitectos especializados en los proyectos de nuevas instituciones.
Las cárceles y prisiones desarrolladas con este diseño incorporan a su vez los resultados de las evaluaciones realizadas de las que han sido habilitadas, habiéndose completado ya varias “generaciones” de establecimientos.
Entre las últimas innovaciones introducidas se encuentran las celdas sin instalaciones sanitarias [14], el empleo cada vez más frecuente del partido arquitectónico tipo “campus plan” de los edificios y un extensivo uso de los ordenadores a fin de reducir la dependencia que los internos tienen del personal (Wener, 1995).
Así mismo su aplicación trascendió las fronteras norteamericanas, donde se han construido alrededor de 300 cárceles de “nueva generación” y regímenes similares son empleados en Canadá, Reino Unido, Israel, Australia y Nueva Zelandia [15]. También se encuentra en implementación en Argentina y bajo el nombre de “sécurité dynamique” en Francia.
7. — Principales Características de la Arquitectura de "Nueva Generación"
Este sistema que combina el diseño arquitectónico con técnicas de manejo y administración de internos, se compone de los siguientes elementos:
a) amplia movilidad del interno dentro del módulo,
b) alto grado de interacción agente-interno,
c) preciso sistema de clasificación de los internos,
d) adecuado cumplimiento del reglamento, y
e) personal debidamente capacitado.
Desde el punto de vista de la estructura física el módulo (“Pod”) está conformado por celdas exteriores, agrupadas, junto con otros locales de apoyo, en torno a un espacio central multiuso. Este salón se convierte en el ámbito natural de la relación social de los internos y facilita el contacto de éstos con el agente correccional.

“Pod” de Supervisión Directa en Estados Unidos
Las barreras físicas de seguridad se concentran en el perímetro, evitando de esta forma una sucesión de espacios con separaciones rígidas, lo que permite una mayor movilidad del interno dentro del módulo y una mejor interacción con el personal, contribuyendo a reducir las tensiones.
El aspecto interior busca reducir al mínimo el trauma del encarcelamiento mediante la eliminación de aquellos elementos que le dan su carácter simbólico. La incorporación de la iluminación natural, colores, nuevos diseños y nuevas tecnologías de materiales, como el policarbonato multilaminado, posibilita generar ambientes más normales alejados de la tradicional imagen carcelaria.
La cantidad de celdas por unidad residencial varía entre 48 y 64, según el tipo de establecimiento[16].
Las celdas son individuales, con servicios sanitarios en su interior, su puerta es ciega con una pequeña ventana que otorga una discreta visual de su interior sin comprometer la privacidad del interno.
El salón de estar es de doble altura, con abundante iluminación natural y amplias ventanas al exterior. Se diseñan de forma de crear "rincones", donde los internos puedan agruparse según su afinidad o actividad.
El puesto de trabajo del agente consta de un mostrador o escritorio, de forma que posea un lugar propio, pero sin crear barreras físicas entre él y los internos. Desde este sitio el agente tiene una visión directa de todos los lugares del pabellón, a fin de que no se produzcan “zonas ciegas” a su observación. Toda la sala de estar, las puertas de las celdas, las duchas, el patio exterior, los accesos a salas de apoyo, recintos de visitas, etc. se encuentran a la vista del celador.
Entre sus principales ventajas respecto de otros sistemas arquitectónicos se cuentan las siguientes:
a) Los agentes se encuentran en permanente contacto con los internos y pueden ejercer una acción positiva en orden a guiar las acciones de los internos y a controlar su comportamiento, lo cual se traduce en una reducción de incidentes.
b) Se genera una atmósfera de trabajo en equipo al no existir barreras físicas entre los internos y el personal, facilitando la comunicación interpersonal y reduciendo el sentimiento “ellos y nosotros”.
c) Resulta factible, dada la geometría del edificio, la iluminación y ventilación natural a todas las celdas.
d) Generalmente se puede acceder al pleno de instalaciones [17] de las celdas desde el salón central o desde el exterior. Esto facilita las tareas de mantenimiento.
e) Al permanecer el personal dentro del “pod” durante las 24 horas, la observación de los internos es permanente, por lo que nunca quedan sin supervisión.
f) La generación de un ambiente más normal [18] transmite un mensaje positivo, favoreciendo conductas razonables y permite emplear materiales adecuados para mejorar las calidades del entorno y reducir los niveles de ruido.
g) Dado que el agente es el responsable del lugar y “su” sector le pertenece, los internos asumen el rol de “visitantes”, tratando con cuidado los elementos y velando por la limpieza. El incumplimiento de estos aspectos resulta en su inmediato apartamiento a un sector de mayor rigor disciplinario, con la consiguiente pérdida de beneficios.
h) Una de las principales causas de violencia en las cárceles es la lucha interna por el liderazgo. Ya que sólo puede haber un líder en cada sector, éste debe ser necesariamente el agente. En principio el agente no tiene otra seguridad que su propia autoridad, por lo que debe basar su relación con los internos mediante el empleo de técnicas fundadas en la intercomunicación personal.

Salón de Día en el Instituto de Resocialización (Rawson, Argentina)
i) La ausencia de liderazgos negativos en el sector trae aparejada una convivencia más normal, por lo que los internos no sienten la necesidad de autoprotegerse, lo que a su vez reduce la fabricación de armas con ese fin.
j) En general resulta menos costosa la construcción y operación. El empleo de mobiliario y equipo comercial permite prescindir de las instalaciones “antivandalismo” característica de los entornos carcelarios [19].
k) Se pueden realizar importantes economías de personal mediante la reducción de los movimientos dentro del establecimiento. Esto se logra colocando determinados espacios a los cuales deben acceder los internos (patios, visitas, consultorios, entrevistas, etc.) en las inmediaciones de la unidad habitacional.
8. — Principios y dinámicas de la "Supervisión Directa"
Una vez que el MCC de Chicago estuvo en funcionamiento, Raymond Nelson se dedicó a identificar aquellos elementos que caracterizaban su operación. Así en 1984 se sistematiza el régimen de Supervisión Directa elaborándose un conjunto de ocho “Principios y Dinámicas” recolectados a partir de observaciones efectuadas de las experiencias positivas y negativas del ámbito penitenciario.
La Supervisión Directa comprende mucho más que colocar un agente dentro del pabellón con los internos. Implica un cambio en la conducción y en la mentalidad del régimen penitenciario. Significa asumir que el objetivo del personal es la activa y continua supervisión [20]de los internos, que éstos son adultos normales y responderán como tales si se los trata de esa forma.
A continuación se describen brevemente los Principios y las respectivas Dinámicas que comprenden la Supervisión Directa:
1) Efectivo Control
El personal estará en total control de la institución. Los internos no serán dejados nunca sin supervisión ni existirá ninguna zona donde los internos se puedan reunir fuera de la vigilancia del personal. El perímetro del instituto proveerá un adecuado nivel de seguridad a fin de permitir una mayor flexibilidad en el movimiento interno del penal y la población estará dividida en grupos manejables.
2) Efectiva Supervisión
Los agentes estarán en contacto con los internos en todo momento, excepto durante la noche, cuando estos se hallen en sus celdas. Los agentes no estarán separados por barreras físicas dentro de los módulos (“Pods”). En principio se esperará una razonable conducta por parte de los internos y el agente correccional ejercerá un liderazgo positivo entre ellos. Las técnicas de gestión de grupos humanos y no la fuerza o las barreras físicas, constituirán la protección del personal.
3) Personal competente
La operación de un establecimiento de nueva generación se hará con personal cuidadosamente seleccionado y especialmente entrenado. El liderazgo del personal de conducción será determinante en el modelo, contribuyendo con su presencia a la capacitación permanente de los agentes.
4) Protección de los internos y del personal
El diseño y la supervisión de la institución deben garantizar la protección e integridad tanto de los internos como del personal. El personal no tolerará ningún tipo de indisciplinas. Siempre será posible una rápida intervención por parte del personal en los sectores de alojamiento. Se evitarán las tradicionales reacciones que tanto los internos como el personal producen al convivir en un medio inseguro.
5) Economía operativa
Un entorno más normal producirá una menor exigencia en el empleo de los costosos materiales de seguridad y antivandalismo propios de la arquitectura penitenciaria convencional, reduciendo los costos constructivos.
También se reducirán los costos operativos, mayores aún que los constructivos debido a la prolongada vida útil de los establecimientos. La disminución del vandalismo en las instalaciones contribuirá significativamente a lograr menores tareas de mantenimiento y reemplazo de equipos.
6) Comunicación efectiva
Una administración eficaz depende de una fluida comunicación. El personal será entrenado en obtener y proporcionar información en forma clara y precisa y será provisto con elementos adecuados para que puedan hacerlo eficazmente.
Dado que la Supervisión Directa reside en el permanente contacto con los internos, los agentes deben recibir capacitación en técnicas de comunicación interpersonal y liderazgo correccional. Así mismo resulta de suma importancia que la comunicación entre el personal de conducción y el operativo se encuadre en modernas dinámicas de transmisión de la información, superando “la comunicación por memorando” que suele predominar en los establecimientos carcelarios.
7) Clasificación y Orientación
Una adecuada y precisa clasificación agrupará a los internos de acuerdo a sus características. La clasificación, clave de cualquier régimen penitenciario, determinará quienes no se encuentran en condiciones de participar de la Supervisión Directa. Usualmente el 5% de la población requiere ser separado en un sector de régimen más riguroso debido a su inadaptabilidad.
Los internos serán informados acerca de las conductas que serán aceptadas y cuales no serán toleradas. El modelo asume que los internos serán considerados adultos normales y serán tratados como tales mientras respeten las reglas. Durante el proceso de admisión recibirán información y orientación acerca de las expectativas que de ellos se espera en el establecimiento.
8) Trato justo y equitativo
El trato que los internos reciben dentro de un establecimiento penitenciario se debe ajustar a principios legales. El personal debe desempeñar su función profesionalmente y responder a las expectativas que la comunidad ha depositado en el sistema.
El trato injusto se ve magnificado durante la enclaustración y resulta una condición inherente al liderazgo la equidad en el tratamiento brindado a los internos.
9) Aceptación del modelo
El personal penitenciario y muy especialmente el personal ejecutivo deben aceptar el modelo, sentirse parte de él y que éste les pertenece como condición previa a su aplicación. Este último Principio fue adicionado a mediados de los ‘90 (Perroncello, 1997).
9. —Conclusiones
Desde sus orígenes la arquitectura penitenciaria ha estado íntimamente ligada al régimen penitenciario. Aquí se cumple, en mayor medida que en otras tipologías edilicias, la tradicional consigna arquitectónica acuñada por Louis Sullivan “la forma sigue a la función”.
El régimen y sus particularidades son representativos de las diferentes corrientes sociales y penológicas que van evolucionando con la civilización.
La creciente complejidad del tratamiento penitenciario y las variaciones sociales y culturales van dejando atrás los clásicos diseños de cárceles y prisiones, que resultan inadecuados y disfuncionales para responder a las exigencias que requieren las modernas instituciones penitenciarias.
La innovación arquitectónica resulta necesaria dado que el régimen penitenciario viene experimentando una permanente transformación desde sus orígenes basados en el aislamiento y que se funda cada vez más en un mayor grado de participación y socialización de los internos dentro de los establecimientos, al tiempo que exigen de los agentes penitenciarios una mayor comunicación e interacción con aquellos.
La aplicación de modernas técnicas de liderazgo, mediación, resolución de conflictos y otras herramientas de “management” se ven favorecidas por el diseño adecuado del entorno arquitectónico mientras que, por el contrario, los antiguos edificios con sus limitaciones espaciales y sus barreras físicas dificultan, cuando no imposibilitan, la interacción entre agentes e internos.
La arquitectura penitenciaria de nueva generación pareciera estar dando una adecuada respuesta a las necesidades actuales de las cárceles y prisiones, mediante la creación de edificios que resultan más normales, con un menor grado de institucionalización y que, al generar mejores condiciones de habitabilidad, incrementan las posibilidades de una efectiva reinserción de los internos en la comunidad.
Referencias Bibliográficas
- American Correctional Association. (1990) Standards for Adults Correctional Institutions, 3rd Edition, Laurel.
- American Jail Association. (1990) Proceedings of the 5th Annual Symposium on Direct Supervision Jails. National Institute of Corrections.
- Department of Justice, New Zealand. (1988) A summary of Prisons in Change, Wellingnton.
- Dubbini, Renzo. (1986) Architettura delle Prigioni. I luoghi e il tempo della punizione (1700-1880). Ed. Agnelli, Milán.
- Fairweather, Leslie. (1994) “Prison Design in the Twentieth Century”. En Architecture of Incarceration, Iona Spens Ed. Londres.
- García Basalo, Carlos Alejo. (1997) Nuevos Conceptos en Materia de Arquitectura Penitenciaria. Secretaría de Política Penitenciaria y de Readaptación Social. Buenos Aires.
- García Basalo, J. Carlos. (1963) “Algunas Tendencias Recientes de la Arquitectura Penitenciaria”. Apartado de la Revista Penal y Penitenciaria. Año I, Nº 3, Montevideo.
- García Basalo, J. Carlos. (1959) “Introducción a la Arquitectura Penitenciaria”. Revista Penal y Penitenciaria, Tomo XXII, Buenos Aires.
- Johnston, Norman. (1961) “Recent Trends in Correctional Architecture”. The British Journal of Criminology. Vol 1, Nº 4.
- Nagel, William. (1973) The New Red Barn. A Critical Look at the Modern American Prison. Walker & Co., New York.
- Nelson, Raymond. (1983) New Generation Jails. National Institute of Corrections.
- Nelson, Raymond. (1988) “The Origins of the Podular Direct Supervision Concept: An Eyewitness Account”. American Jails, Vol. II, Nº 1.
- Nelson, Raymond. (1988) Cost Savings in New Generation Jails: The Direct Supervision Approach. National Institute of Justice.
- Parriaud, Jean-Claude. (1996) Caractéristiques Architecturales des Noveaux Etablissements Pénitentiaires. Direction de l’ Administration Pénitentiaire. Paris.
- Perroncello, Peter. (1995) “Toward a New Direct Supervision Paradigm”. American Jails, Vol. IX, Nº 3.
- Potter, James. (1990) “Designing Tomorrow’s Jails”. American Jails, Vol IV, Nº4.
- Salillas, Rafael. (1888) La vida penal en España. Imprenta de la Revista de Legislación, Madrid.
- Shimshi, Siona. (1999) “New Trends in Prison Design”. Architecture of Israel Nº 39.
- Secretaría de Política Penitenciaria y de Readaptación Social, Ministerio de Justicia, República Argentina. Plan Director de la Política Penitenciaria Nacional, Buenos Aires, 1995.
- U.S. Federal Bureau of Prisons. (1960) Recent Prison Construction 1950-1960. Federal Prison Industries, Leavenworth.
- Wener, Frazier y Farbstein. (1987) “Building Better Jails”. Psychology Today, Junio.
- Wener, R. y Olsen, R. (1980) “Innovative Correctional Environments”. Environment and Behavior, Vol. 12, Nº 4.
- Wener, R., Frazier, W, Farbstein, J. (1985) "Three Generations of Evaluation and Design of Correctional Facilities", Environment and Behavior, Vol.17, Nº 1.
- Wener, Richard. (1995) “Evaluating the Design of Direct Supervision Jails”. Progressive Architecture.
- White, Charles. (1935) “The Essentials of Prison Design”. The Architectural Record, Vol. 77.
- Zupan, Linda. (1991) Jails: Reform and the New Generation Philosophy, Anderson Publishing, Cincinnati.
[*] El presente artículo fue publicado originalmente en la Revista de Estudios Criminológicos y Penitenciarios, Nº 4, Mayo de 2002. UNICRIM, Gendarmería de Chile. Santiago de Chile. Pp. 27:44.
[2] El régimen de la Casa de Corrección de San Miguel, destinada a jóvenes, contemplaba el aislamiento nocturno individual y el trabajo diurno en común bajo la regla del silencio. Las celdas eran exteriores y se hallaban dispuestas en tres niveles a ambos lados de una gran sala rectangular en cuyo extremo se encontraba el altar. Este espacio estaba cubierto por una bóveda sobre la cual Fontana dispuso una serie de ventanas para la iluminación. El esquema general del edificio era similar a la nave de una iglesia a la cual se le adosaron bloques de celdas a ambos lados. De esta forma la sala, que durante el día servía de lugar de trabajo, a la hora de la misa se transformaba en capilla, pudiendo los internos seguir la celebración desde la ventana interior de las celdas (Dubbini, 1986).
[3] Si bien la Penitenciaría del Este es considerado el primer edificio que dispone una serie de corredores con celdas a ambos lados en forma convergente a un punto de observación central, es el inaugurado en 1842 en Pentonville, Inglaterra el que servirá de modelo a las prisiones europeas. Este edificio a su vez está inspirado en otro construido por Haviland en Trenton, New Jersey.
[4] Las celdas interiores tuvieron una gran aplicación en los Estados Unidos, a partir de la disposición adoptada en la prisión de Auburn. El sistema consistió en ubicar un edificio, de dos filas de celdas alineadas “back to back” en forma de “espina de pescado”, dentro de otro edificio que incluía el anterior.
[5] La Unidad Funcional (Functional Unit Management) consiste en la subdivisión de la población penal en unidades semi autónomas. Sus principios son los siguientes: Cada unidad agrupa un número pequeño de internos, idealmente menos de 150. Los internos son alojados en ella la mayor parte de su permanencia en la institución. Los internos de cada unidad funcional son supervisados por un equipo interdisciplinario asignado a la misma y cuyas oficinas se encuentran dentro de la unidad. Los miembros del personal tienen autoridad para tomar decisiones en lo que al tratamiento de los internos allí alojados respecta, dentro de los lineamientos establecidos por la administración. La asignación de los internos a cada unidad se basa en las necesidades de los internos, en lo que concierne a la supervisión, seguridad y programas ofrecidos. (American Correctional Association, Standards for Adults Correctional Institutions, 3rd. Edition, Laurel, 1990).
[6] Se entiende por “entorno arquitectónico normalizado” la eliminación de los tradicionales símbolos del encarcelamiento en los sectores habitados por internos (rejas, barrotes y equipo antivandalismo) y su reemplazo por terminaciones, mobiliario y equipamiento de características convencionales, con un doble objetivo: promover una expectativa de conducta positiva en los internos y reducir los costos de construcción y mantenimiento (Nelson, 1988)
[7] El Centro Correccional Metropolitano de San Diego fue proyectado por la firma Tucker, Sadler & Associates, tiene una capacidad para 500 internos y fue habilitado en noviembre de 1974. El Centro Correccional de Chicago es un proyecto del Arq. Harry Weese, aloja 400 detenidos y fue abierto en octubre de 1975. El Centro Correccional de Nueva York fue diseñado por The Gruzen Partnership y con una capacidad de 480 plazas, fue habilitado en julio de 1975.
[8] Como resultado de la sanción de la ley “Equal Employement Opportunity Act” en 1974 las oficinas federales se vieron obligadas a emplear un 20 % de mujeres, lo cual incluía al Federal Bureau of Prisons.
[9] Según The Random House Dictionary “Pod” significa ”a streamlined enclosure, housing, or detachable container of some kind. “An engine pod under the wing of an aircraft””. El término “Podular” fue propuesto por el mismo Nelson para diferenciarlo de “modular”, comúnmente asociado a técnicas constructivas y con una amplia gama de significados.
[10] A menudo suele referirse a las construcciones nuevas o a los diseños que disponen las celdas en torno a un espacio central como de “Nueva Generación”, siendo en estos casos incorrecta tal generalización. El término “Nueva Generación” se aplica solamente a la combinación del diseño arquitectónico “Podular” empleado conjuntamente con el régimen de Supervisión Directa (Nelson, 1983).
[11] Sin embargo el diseño de la planta arquitectónica “podular” fue copiado, adaptándose mediante la colocación de un recinto protegido para el celador en un punto estratégico de manera tal que tuviera una visión completa de la sala de día. Este diseño guarda cierta relación con el célebre “panóptico” de Bentham ya que el personal realiza una observación indirecta al estar separado por barreras físicas de los internos. Sus ventajas respecto del sistema Lineal/Vigilancia Intermitente se basan en una mejor protección del personal ante eventuales ataques de los internos y en las mejores condiciones de vigilancia. No obstante, a diferencia de la Supervisión Directa, la orientación del sistema es reactiva, es decir que los internos mantienen la iniciativa dentro del “pod” y el personal, que realiza una observación pasiva de las actividades, está en condiciones de intervenir indirectamente en la disuasión de conflictos. Por otra parte la interposición de barreras físicas hace que los agrupamientos de celdas deban ser de menor número y la construcción resulte más onerosa, en atención a que el entorno reactivo exige el empleo de equipamiento antivandalismo, a la condición de seguridad que debe reunir el puesto del agente y al equipamiento de comunicaciones y mandos a distancia que se deben emplear para la operación remota del “pod”. Este sistema recibe el nombre de “Podular/Observación Remota”.
[12] Entre las observaciones realizadas en la evaluación post-ocupacional del MCC de Chicago se encontraban las siguientes: dotar de mayores espacios abiertos para la recreación, las unidades habitacionales deberían incluir un mayor número y diversidad de espacios para el uso de los internos, evitar la construcción de edificios en altura debido al cuello de botella que significa el empleo de ascensores y prescindir del empleo de celdas dobles y dormitorios colectivos. (Wener, Frazier y Farbstein, 1985)
[13] La Cárcel del Condado de Contra Costa es un edificio de planta irregular, de cuatro niveles y una superficie de 10.200 m2. Cuenta con nueve sectores de alojamiento, un área de ingreso, oficinas administrativas y servicios de soporte. Su capacidad es de 383 internos y fue habilitado en enero de 1981.
[14] En algunos casos, cuando los internos presentan una conducta predecible, se emplean celdas sin instalaciones sanitarias (dry cells). Estas no poseen servicios sanitarios en su interior, teniendo el interno acceso a servicios sanitarios generales por medio de un botón que libera la cerradura de su celda. Otra variante que puede emplearse en institutos semiabiertos donde el régimen incluya alguna forma de autodisciplina es que los internos posean la llave de su propia celda. Las ventajas económicas del sistema son obvias.
[15] En la República Argentina se encuentra en fase experimental su implementación. Para ello hemos rediseñado dos antiguos pabellones lineales, transformándolos en “pods” para Supervisión Directa, en el Instituto de Seguridad y Resocialización de Rawson (Chubut), dependiente del Servicio Penitenciario Federal. Las obras fueron habilitadas el 22 de agosto de 1998.
[16] Para la población penal general el número mínimo estaría en el orden de los 36 internos, si se toma como base una adecuada relación agente-interno desde el punto de vista económico. Por otra parte parecería que el número máximo se encuentra en 72 internos, considerado como tope en el cual un agente puede desempeñarse con cierta efectividad.
[17] Se denomina “pleno de instalaciones” al conducto por donde corren las cañerías de alimentación de agua, electricidad, comunicaciones y desagües cloacales. Comúnmente se trata de un espacio en forma triangular que se ubica entre dos celdas de forma de abastecer los servicios de ambas.
[18] El término “ambiente normal” como se lo emplea en arquitectura penitenciaria implica, entre otros conceptos, el empleo de materiales convencionales cuyo aspecto sea agradable, espacios de alojamiento adaptados a la escala humana y la ausencia de barrotes, rejas y otros elementos típicos de los antiguos edificios penitenciarios.
[19] Un estudio llevado a cabo por el National Institute of Corrections indica que se puede reducir hasta un 50% el costo del equipamiento del “pod”, en relación con el sistema de “observación remota”.
[20] Usamos el término “supervisión” para indicar la metodología basada en el contacto personal y directo, sin interposición de barreras físicas entre el agente y el interno, permitiéndole al primero el empleo de técnicas de disuasión de conflictos, anticipándolos y actuando preventivamente. Contrariamente los sistemas convencionales de observación y vigilancia hacen que los agentes actúen después y no antes de la generación de un problema, siendo su intervención reactiva.
|
|
|