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Política Criminal y Prevención del Delito
El castigo a los niños y la politica criminal
Julio
Enrique Aparicio.
La moderna tendencia a
simplificar todo y a distorsionar los conceptos nos ha llevado a considerar que
la Política Criminal
es un conjunto complejo de acciones y actividades exclusivamente vinculadas a
la Justicia
y a
la Ley
, cuando en realidad ambas
son sólo una parte de aquélla y, diría, la parte que entra en acción cuando han
fracasado muchas otras que casi nadie considera integrantes de aquélla.
Muchas personas se preguntan en
estos tiempos qué ha pasado para que vivamos no sólo en un ámbito de temor y de
inseguridad frente al delito, sea éste temido e imaginado o real y concreto. Por lo común, se puede observar un
mecanismo social muy generalizado: ubicar los problemas muy lejos de cualquier
autoría o participación propia. Es más: lo habitual es señalar el fenómeno como
algo que es responsabilidad de cualquier otro menos de uno. Algo en cuya
eclosión o en cuya resolución no tenemos nada que ver.
Repetidamente hemos escrito sobre
la Cultura
de
Violencia que impera en el mundo occidental –al que me refiero en concreto
porque más allá de sus desatinos, nos permite conocer bastante de lo que en él
ocurre-. De la otra parte del Globo, poco y nada sabemos como para arriesgar
opiniones, pero pareciera que la cuestión es, cuanto menos, igual y, quizá
peor.
Ya hemos caracterizado esta
Cultura de
la Violencia
expresando que no debe ser interpretada solamente como la generalización del
golpe, el uso del castigo físico, la vigencia de la tortura e incluso de la
misma pena de muerte –sea de aplicación legal o no-.
Violencia es toda forma de afectar los derechos de otro mediante las más
variadas formas de coerción; violencia es todo mecanismo que sumerja al prójimo
en los abismos de la miseria, de la marginalidad, del destierro. Violencia es
la falta de futuro, la inadecuada distribución de los recursos, la mortalidad
infantil, la deserción escolar, las villas miserias, el desempleo. Violencia es
la desigualdad de oportunidades y la condena al anonimato de no ser nadie
sabiendo que nunca se llegará a ser alguien.
Las formas de ejercer esa
violencia son muchas, pero hay vías que sistemáticamente la introducen en el
seno del hogar, interpretado éste fundamentalmente como el ámbito de la
formación de los niños: el constante repiqueteo de la televisión, diariamente
–y varias veces al día-en noticieros mostrando uno, dos, cien crímenes, enfrentamientos armados entre “barras bravas”, detallando la muerte producida por
conductores imprudentes o alcoholizados, exhibiendo jóvenes absolutamente
obnubilados por el consumo del famoso “paco” o mostrando el retiro de cadáveres luego de un asalto...A esa realidad que
nos abruma se suma la ahora llamada “ficción”, donde la violencia física y
hogareña se entrecruza con relaciones promiscuas, engaños y defraudaciones
varias, disolución familiar, cuando no con la presentación de la vida
carcelaria mediante escenas de alto impacto que hasta superan la realidad o de historias
de mujeres autoras de aberrantes crímenes, etc. En definitiva, ríos de sangre,
pasiones malsanas y muerte
Estos entretenimientos, a los que
podríamos sumar muchísimos videojuegos, no sólo ocupan el tiempo familiar,
especialmente el infantil, sino que anulan toda posibilidad de comunicación
familiar. Durante el día, cada uno en sus problemas. A la noche, unos frente al
televisor y otros delante de la computadora. La conversación ha muerto. La mesa
familiar ha sido sepultada.
Entrar en este campo es arribar a
la crisis de la familia contemporánea, signada por los conflictos, por la
“necesidad” de satisfacer el consumismo
y para ello trabajar más y más horas, vivir en “stress” permanente y carecer de
tiempo para dedicarle a la pareja y a los niños, especialmente a éstos.
Sociedad violenta, familia en
crisis, niños en búsqueda de contención fuera del hogar y prevalencia del grupo de pares. A partir de allí los hijos se socializarán conforme las
pautas de los amigos, del grupo y bien sabemos qué difícil es resistirse a las
tendencias del grupo cuando se está buscando su aceptación para tener un lugar
propio en alguna parte.
En este cuadro de violencia social , falta de comunicación, agotamiento laboral y
frustración, la intemperancia suele operar como válvula de escape. Cuando
finalmente la caldera explota, no
explota para cualquier lado. Se orienta hacia aquéllos que “se la tienen que
aguantar”. No agredimos a nuestro jefe. Agredimos a nuestras esposas, a
nuestros hijos, a aquellos a quienes no sólo no tememos sino a quienes
consideramos subordinados. Estamos ingresando a la puerta del maltrato. A veces físico,
siempre psíquico.
Hace 30 años la medicina no tenía
claramente identificada a la agresión parental como la
causa de las lesiones o muertes que se verificaban en las guardias
hospitalarias y el sentido común de esa época hacía creíble aquello de que “se
cayó”, “estaba jugando con el hermanito”, etc. Hoy tanto los estudios
específicos como la experiencia cotidiana lo primero que promueven ante niños
golpeados es la sospecha de violencia doméstica.
Nos hemos enfermado tanto que no
advertimos que es monstruoso que en el tercer milenio haya personas que crean
que el proceso de la educación pasa por la violencia, por la agresión verbal,
psicológica o directamente física, y mucho más monstruoso es cuando todo eso se
ejerce sobre pequeños, muchas veces los propios hijos.No comprendemos cómo en algunos
países de los llamados “centrales” se permite cierto castigo corporal de parte
de los educadores “siempre que sea ligero”... Ciertamente podemos sospechar con
fundamento que la humanidad marcha para
atrás, como el cangrejo.
Hay una especie de tolerancia
social frente a los padres que golpean a sus hijos. Nadie los rotula como
sádicos o psicópatas. Muchas expresiones populares los avalan: “más vale una
cachetada a tiempo...” “letra con sangre entra...” “porque te quiero, te
aporreo...”, etc.
Días atrás, leyendo con una colega
el texto que estoy introduciendo, con sorpresa le escuché ácidas críticas , en
particular porque ella creía que el autor exageraba al describir los daños
físicos que podrían devenir de golpearlos en las nalgas (“nalgadas” al decir de
Jordan Riak), o en las manos. Es posible que muy pocos casos de “nalgadas”
desvíen la columna vertebral... pero creo que la mayoría puede lastimar la
autoestima... o enseñar el procedimiento violento para imponer respeto o para
demostrar razón. Así nos está pasando: el sentimiento crítico nos hace
detenernos en el detalle y perder de vista el conjunto. Las heridas que no
cierran no son las del cuerpo, son las del alma.
En la intención de que
comprendamos que la formulación de una política criminal pasa por resolver
muchas situaciones que están mucho antes del delito y que en definitiva se
ubican en el campo de la protección de la madre y el hijo, en el
fortalecimiento del hogar, en la educación para padres, en el apoyo a la
familia, en la educación, en la formación en valores, en la reducción de todas
las formas de violencia, en esa intención es que presentamos “Hablando francamente sobre el pegarle a
los niños”, de Jordan Riak,
traducción de José Medio, versión revisada en el año 1996.
Hablando francamente sobre el pegarles a los niños
Por Jordan Riak
...El Bebé que llora bajo la vara
Escribe
Venganza en esferas de muerte...
William Blake (1757-1857) "Auguries of Innocence,"
Líneas 73, 7
Hoy en día, los escritos e investigaciones de renombrados expertos de
las ciencias del comportamiento no defienden pegarles a los niños. Este amplio
consenso ha ido creciendo durante décadas y sus comienzos se remontan a siglos
atrás.
Ello no significa que no existan partidarios de pegarles a los niños, de la
misma manera que sería una falsedad pretender que no existen defensores del mal
trato a las esposas. Ambas prácticas son comunes y sus defensores en general
creen tener razones válidas para actuar así.
Pegarles a los niños, al igual que la violencia física a las esposas,
resulta peligroso tanto física como psicológicamente. Los daños que a largo
plazo se causan, o se pueden llegar a causar a la víctima, exceden con mucho la
utilidad a corto plazo que perciba en ello la persona que lo practique.
Algunos investigadores sostienen que todo acto de violencia de un adulto
hacia un niño, por muy breve o leve que sea, deja una cicatriz emocional
permanente. El efecto de estas cicatrices es acumulativo. Hasta cierto punto,
nuestras propias experiencias nos lo demuestran. La mayoría de nosotros debemos
admitir que los recuerdos más imborrables - y los más desagradables - son los
recuerdos del daño inflingido por nuestros padres. Algunas personas consideran
la memoria de tales acontecimientos tan desagradable que pretenden que éstos
fueron insignificantes y hasta graciosos. Usted observará que sonríen cuando
describen lo que les hicieron. Sonríen por vergüenza y no por placer. Encubren
el recuerdo de esos viejos sentimientos para protegerse contra el dolor que
todavía sienten.
Al intentar negar o disminuir los peligros relacionados con el castigo
aquellas personas que pegan, dicen "El castigo corporal es muy distinto al
abuso de los niños" o "una palmadita nunca hizo daño a nadie."
Pero están equivocadas. Una buena comparación con lo anterior es el envenenamiento
con arsénico. Todo el mundo sabe que el arsénico tomado en cantidades
suficientes es mortal. Sin embargo, una módica ingestión del mismo puede que no
tenga un efecto dañino. ¿Pero quién necesita veneno? El hecho de que una
persona sobreviva dicha experiencia no es prueba de que tal experiencia sea
beneficiosa.
Los padres informados y responsables reconocen que el pegarles a sus hijos
es como darles de comer una substancia nociva. Nada
bueno va a resultar de ello, sólo daño.
Pero algun padre se puede preguntar "¿Cómo se
puede ser un padre responsable si no se le enseña al hijo que no se cruza en
frente del tráfico cuando sale corriendo y se le da una buena paliza para que
no lo olvide?"
La realidad es que las bofetadas producen en el niño un estado de fuerte
agitación emocional haciendo difícil que aprenda las lecciones que los adultos
pretenden enseñarle. Dar una "buena bofetada" puede servir para que
el adulto libere su cólera, pero a expensas de causarsela al niño. Y mientras que el desahogo en el adulto es transitorio, el efecto en
el niño es duradero.
El pegarles no les enseña que los carros y los camiones son peligrosos. Al
contrario, les enseña que los adultos, de quienes él
depende, son peligrosos.
La pérdida de confianza
El acto de pegarle a un niño deteriora el lazo de confianza entre el niño y
los padres. El niño golpeado es menos capaz de mirar al padre como una fuente
de amor, protección y consuelo, los cuales son vitales para su sano desarrollo.
Para el niño, el padre parece ser ahora una fuente de peligro y dolor. El
cuidado amoroso y la protección al niño, que deberían existir
incondicionalmente, se ven ahora sustituidos por la agresión.
El niño traicionado de esta manera - al igual que aquel a quien se niega
alimentación adecuada, afecto o descanso - sufre y no madura de una forma
óptima.
Las amenazas
Algunos padres rara vez o casi nunca les pegan a sus hijos, pero
constantemente les amenazan con actos de agresión. "Si no te callas
mientras estoy en el teléfono, te voy a coser la boca con una aguja bien
grande" dicen algunas veces los padres. O si no, dicen "Alguien te va
a cortar los dedos con las tijeras. Eso es lo que le hacen a los niños malos
que tocan las cosas de otras personas". Consideran fácil controlar a sus
niños por estos medios - al menos de forma temporal.
Al principio el niño obedece por miedo mientras cree en las amenazas del
adulto. En esta etapa ya aprende a hacer cosas a escondidas y a decir mentiras
para evitar los terribles castigos que él cree que le esperan. Más tarde,
cuando comienza a darse cuenta que las amenazas no tienen fundamento, llega a
la conclusión (correcta, por otra parte) de que los adultos mienten.
Cuando la confianza entre los adultos y los niños a su cargo comienza a
deteriorarse, la habilidad infantil de formar relaciones de confianza con los
otros también se deteriora. Esto puede volverles incapaces de alcanzar
intimidad o solidaridad. Los lesionados de esta forma, se inclinan a ver las
relaciones con otras personas como negocios o operaciones en las que se gana o se pierde. Consideran la honradez y la
confianza en los demás como debilidades que han de ser explotadas, de igual
manera que se hizo con ellos.
La Fuerza
El pegarles a los niños les enseña que la interacción entre los seres
humanos está basada en la fuerza, que el poder es justicia. Mientras más
golpeado sea el niño, mayor será la posibilidad de que él llegue a ser un
adulto que se relaciona con otros, no por medio de la persuasión, sino por
medio del uso de la fuerza. ¿Qué clase de persona estamos describiendo aquí?
El abusón. El violador. El cónyuge autoritario que domina, manipula y
aterroriza a su pareja. El charlatán, el falsificador, el policia corrupto, el corredor de bolsa corrupto de Wall Street, el político sin escrúpulos, el demagogo - cada uno
de ellos es esta persona. También lo es el cobarde y el alcahuete que obtiene
su poder de segunda mano al frecuentar a los arriba descritos.
Los malos tratos entre esposos
y las palizas a los hijos.
En la gran mayoría de los casos, el marido y la mujer cuya relación incluye
la violencia, tienen también una relación semejante con sus hijos. Es probable
que dichos padres fueran golpeados de niños y hayan presenciado golpes a otros.
Los cónyuges explotadores y explotados que pegan a sus hijos, les enseñan a
ser verdugos y víctimas exactamente iguales a ellos mismos. Los niños golpeados
aprenden del ejemplo de sus padres que la manera de desahogar sus
frustraciones, expresar su desacuerdo y afirmar su poder es dándoles golpes a
una persona más pequeña o más debil que ellos. Este
principio se les inculca siempre que vean a sus padres pegarse o cuando ellos
reciben una paliza.
Aprenden que una vez que sean lo suficientemente grandes y fuertes, podrán
controlar a otros amenazándolos o lastimándolos. Aprenden que está bien que las
parejas se golpeen, y que los adultos peguen a los niños.
Cuando los niños cuyos personalidades han sido formadas en hogares violentos,
crezcan, y tengan sus propios hijos, les resultara muy difícil liberarse del
comportamiento que han presenciado. Las aptitudes que desarrollarán en la vida
de familia serán aquellas heredadas de sus padres y serán más susceptibles de
prolongar el ciclo de violencia con sus propios e inocentes hijos.
Al desparecer la violencia física de la vida
familiar, desaparecerán también otras formas de la violencia doméstica. No
antes.
El abuso sexual y los golpes fisicos
Los niños que han sido golpeados no consideran
que su cuerpo les pertenezca. Los golpes les acostumbran a aceptar la idea de
que los adultos tienen poder absoluto sobre sus cuerpos, incluso el derecho de
causarles dolor. Las nalgadas les convencen, por otra parte, de que sus zonas
sexuales estan sometidas a la voluntad de los
adultos. No es muy probable que el niño que se somete a ser golpeado un lunes
diga "no" a un violador un martes. Los adultos que les abusan o
explotan sexualmente lo saben. Buscan a víctimas potenciales entre los niños a
quienes se les ha enseñado "si no obedeces, vas a ver lo que pasa ...", porque son los blancos mas fáciles.
Las nalgadas y el desarrollo sexual
En algunos niños, las nalgadas estimulan
sentimientos sexuales inmaduros. Los niños no ejercen ningún control sobre esa
clase de sentimientos, ni comprenden lo que les está sucediendo. La
consecuencia trágica para algunos de ellos es que se crea un nexo entre las
sensaciones de dolor, humillación y sexo que se fija en sus mentes para el
resto de sus vidas. Aunque se casen, tengan sus propias familias, ocupen cargos
responsables en la sociedad, y no exhiban rastros de transtornos afectivos, se ven atormentados de forma secreta y vergonzosa por una necesidad
que, en algunos casos, les lleva a buscar prostitutas a quienes pegar o de
quien recibir palizas. La industria pornográfica hace un gran negocio
satisfaciendo las necesidades de estos pobres individuos.
La ciencia médica ha reconocido y documentado
desde hace tiempo una relación entre las nalgadas y el desarrollo posterior de
comportamientos sexuales desviados. Y esto ya debería ser una razon suficiente para no pegar nunca más a un niño.
El peligro de las nalgadas
Localizado en el interior de las nalgas se
encuentra el nervio ciático, el cual es el nervio más grande del cuerpo. Un
golpe fuerte en las nalgas, particularmente con un objeto como un madero, puede
causar una hemorragia a los músculos que rodean ese nervio, con la posibilidad
de dañarlo y de causar lesion en una de las piernas.
El cóccix, o huesito de la rabadilla, es un hueso extremadamente delicado que
se encuentra en la base de la espina dorsal y también es suspectible al daño cuando un niño es golpeado en esta región.
Cuando a los niños se les obliga a agacharse para
pegarles, sus órganos sexuales corren el riesgo de verse dañados. Los
hospitales dan parte con frecuencia de cóccix dislocados y contusiones en la
zona genital derivados de castigos violentos.
En un intento de justificar el castigo violento a
los niños, ciertos individuos afirman que la naturaleza o Dios creó esa parte de la anatomía para recibir golpes. Esa es
una afirmación descaradamente perversa. Ninguna parte del cuerpo fue creada
para ser violada.
El peligro de golpearles en las manos
Las manos de los niños en especial son
vulnerables porque los ligamentos, nervios, tendones, y vasos sanguíneos están
justo debajo de la piel, la cual no tiene ningún tejido protector subyacente.
El golpear las manos de niños muy pequeños es especialmente peligroso para las
placas de crecimiento de los huesos, las cuales si resultan dañadas pueden
causar deformaciones o deteriorar su funcionamiento. El golpear las manos de un
niño puede también causar fracturas, dislocación y posteriormente puede llevar
al desarrollo prematuro de osteoartritis.
El sacudir
El sacudir a un niño puede causar ceguera, daño
al cerebro y hasta la muerte.
Las palizas en casa
y el desarrollo de las tareas escolares
La mayoría de los maestros están de acuerdo en
que los niños que manifiestan los problemas de comportamiento más serios en la
escuela son aquellos que resultan más maltratados en casa.
Los niños que son maltratados en casa han sido
condicionados a esperar la misma clase de trato de las personas en posicion de autoridad fuera de la casa. Para estos niños,
la zona de batalla que es su vida familiar, se extiende a su vida escolar. Esto
les predispone al fracaso académico y el abandono de los estudios, y también a
enfrentamientos con las autoridades juveniles y el sistema criminal de
justicia.
Al intentar construir una barrera contra lo que
ellos perciben como un mundo desalentador y hostil, muchos de estos niños
buscan la compañía de otros con problemas similares. "Mis padres y
maestros no me comprenden pero mis amigos sí," dicen ellos con razón. Este
es una de los motivos por los que surgen las pandillas callejeras y de su
especial atractivo para esos niños cuyo amor propio ha sido destruído por las nalgadas, palizas, golpazos, azotadas, latigazos, humillaciones,
insultos, amenazas, críticas implacables, restricciones irrazonables, abandono
físico y emocional, etc
No hemos de sorprendernos cuando los niños
rechazan al mundo adulto en la medida que ellos creen que éste los ha
rechazado. Tampoco hemos de sorprendernos de que el adolescente que ha sido
víctima de la violencia durante su niñez, la utilice tan pronto como sea capaz
de ello. Como suele suceder, la agresividad que muchos jóvenes cultivan por
considerarla esencial para su sobrevivencia los
empuja hacia el fracaso o la catástrofe. Nuestras abarrotadas prisiones son
prueba de ello.
Algunos maestros trabajan incansablemente para
desviar el exceso de agresividad de los niños acosados por la violencia y
también para inculcarles la confianza que a estos niños les hace tanta falta.
Pero ésta es una tarea monumental que requiere aptitudes especializadas y un
nivel de dedicación que no todos los maestros poseen o pueden mantener por
largos períodos de tiempo. Esto requiere recursos extraordinarios de los cuales
no dispone el sistema de educación pública de los Estados Unidos.
El abandono de los estudios y la delincuencia
juvenil dejarían de ser problemas que asolan a nuestra nación si sólo fuera
posible persuadir a los padres que dejen de criar a sus hijos de forma que
garantice que se conviertan en seres antisociales y auto destructivos. En otras
palabras, que dejen de golpear a sus hijos y que empiecen a tratarlos con
ternura.
Los golpes, el tabaco, el alcohol y las drogas
Recibir una paliza es una experiencia humillante.
El niño maltratado de esta manera no sólo absorbe los golpes sino también el
mensaje que les acompaña: "¡No vales nada. No te
soporto!" Entonces este mensaje se incorpora a su
personalidad en desarrollo. Inspira el odio a uno mismo.
Tarde o temprano se va a ver expuesto a
substancias que ofrecen alivio instantáneo a estos sentimientos de falta de
valor y de rechazo. En todas partes se puede ver a personas que injieren
substancias que les hacen sentirse mejor. Pero nadie le enseña al niño que tal
alivio es ilusorio, que es imposible reparar el daño al amor propio por medio
de algo ingerido, inhalado o inyectado, y que al contrario es fácil enterrarlo
bajo el peso de nuevos problemas.
Pegarles a los Niños y el Comportamiento Criminal
A todos nos resulta familiar la lista de
enfermedades sociales que se cree se encuentran en la base del comportamiento
criminal: pobreza, falta de trabajo, discriminación, ruptura de la familia,
drogas, gangs, violencia en el cine y la televisión,
etc. Y resulta claro que cada uno de los aspectos de la lista anterior desempeña
un papel en fomentar la delincuencia y el crimen. Sin embargo, un elemento
principal apenas se menciona--pegar a los niños.
En 1940, los investigadores Sheldon y Eleanor Glueck iniciaron
su famoso estudio de muchachos delinquentes y no delinquentes. Descubrieron cómo ciertas experiencias
tempranas de la niñez condicionan a los niños a desarrollar comportamientos
violentos y antisociales. Demostraron que los primeros síntomas de delinquencia aparecen ya a los tres años, mucho antes de
que los niños entren en contacto con influencias externas. Los Glueck demostraron cómo la incapacidad para ofrecer apoyo
tierno y cálido a sus hijos y la disposición a pegarles, da por resultado niños
agresivos y violentos. Cuanto más severo y temprano sea el mal trato, peor es
el resultado.
Los Glueck también
descubrieron que la incidencia más baja de comportamiento antisocial resulta
siempre asociada con niños que se ven guiados por la razón y la ternura.
El mensaje para todos los padres que no quieren
que sus hijos vean el interior de una prisión o cárcel es simple: NO LES PEGUE.
TRATELOS CON CARIÑO.
El racismo, los golpes y el odio colectivo
Cuando se golpea a un niño, éste se llena de ira
y del deseo de venganza. Pero este deseo casi nunca se materializa. Como regla
general, ni siquiera el niño más golpeado devolverá los golpes a aquel que lo
abusa. En vez de eso, se refugiará en la fantasía donde puede dar rienda suelta
a su ira en contra de sus adversarios imaginarios. Algunas veces los hermanos
pequeños o los animales domésticos sirven este propósito. El entretenimiento
popular también satisface esta necesidad.
A medida que el niño crece y se ve influenciado
por los prejuicios e intolerancia de la sociedad, es natural que su ira se
vuelque hacia aquellas personas que la sociedad convierte en chivos
expiatorios. Los cultos del odio y facciones políticas extremistas le ofrecen
una oportunidad de convertir sus fantasías en realidad. En cada generacion más de uno acepta esa oferta. Su comportamiento
constituye la peor consecuencia de la tradición de los padres que golpean a sus
hijos.
Las palizas en la escuela
La tradición de que los maestros peguen a los
niños, casi ha desaparecido al nivel de los países desarrollados. Esta práctica
es ilegal en todos los países europeos. En Finlandia, Noruega, Suecia,
Dinamarca, Austria, Italia y Chipre no esta permitido que nadie, incluso los
padres, golpee a un niño. Los Estados Unidos y Sudáfrica, entre las naciones
más industrializadas, son las que han puesto más resistencia a la reforma. Pero
cada año hay más estados en nuestro país que prohiben el castigo corporal en las escuelas. Más y más distritos escolares prohiben esta práctica en los estados donde todavía es
permitido el castigo corporal.
Aun así, quedan muchos maestros y administradores
de escuelas que, como muchos padres de familia, no han sido informados sobre
este tema. Ellos se mantienen firmes en su creencia de que está bien tratar a
los alumnos por medio de la violencia física o la amenaza de ella. ¿Qué pueden
hacer los padres más conscientes?
Si le dijeran que las llantas del autobús escolar
están gastadas o que los frenos no funcionan bien, usted no permitiría que su
niño viajase en ese autobús, y exigiria que las
autoridades escolares corrigieran el problema inmediatamente. O si le dijeran
que los conductos de aire en la escuela de su niño estan contaminados con asbestos, usted lo sacaría de ella en seguida e informaría a
los demás padres del peligro.
El castigo corporal no es nada distinto. Es algo
muy peligroso y todas las personas sensatas de la comunidad deberían unirse en
oposición al mismo. Usted como padre tiene el derecho y la obligación de
proteger a su hijo de peligros conocidos. Informe a los organismos públicos
locales, regionales y estatales que nadie tiene el permiso, ni el derecho
moral, de poner en peligro a su hijo en la escuela.
LO QUE DICEN LOS EXPERTOS
"Cualquier forma de castigo corporal o de
paliza es un ataque violento a la integridad de otro ser humano. El efecto
permanece con la víctima para siempre y se convierte en un elemento cruel de su
personalidad - una enorme frustración que derivará en agresividad y que buscará expresion más tarde en la vida a través de actos de
violencia contra otros. Cuanto más pronto aprendamos que el amor y la bondad
son los únicos comportamientos adecuados hacia los niños, mejor. El niño,
sobretodo, aprende a ser un adulto igual al que ha conocido. Todos los que
tienen la responsabilidad de criar a los niños deben saber esto."
Ashley Montagu, Antropólogo, autor, educador
"El castigo corporal de los niños realmente
impide el proceso de aprendizaje y el desarrollo óptimo que puedan tener como
adultos responsables en la sociedad. Creemos que es importante para los
trabajadores de salud pública, los maestros y otras personas interesadas por la
salud emocional y física de los niños y jóvenes, que apoyen la adopción de
métodos alternativos para lograr el dominio de sí mismo y un comportamiento responsable
en los niños y adolescentes."
Dr. Daniel F. Whiteside, Asistente al Cirujano
General, Departamento de Sanidad
y Servicios
Humanos, Gobierno de Ronald Reagan.
"El castigo corporal, ya sea administrado
por la policía, los maestros, los cónyuges, o los padres, tiene efectos comunes
muy conocidos como: (1) la huida - el sistema escolar tiene su propio nombre
para eso: ausencia injustificada, (2) el contra ataque - el vandalismo en las
escuelas y la agresión a los maestros, (3) la apatía -una introversion malhumorada y pasiva en que no se quiere hacer nada. Mientras más violento el
castigo, más serias las consecuencias."
B. F.Skinner, Ph.D., autor, Profesor de psicología,
Harvard
"Siempre he abogado por la abolición del
castigo corporal y creo que la relación que existe con la pornografía que está
orientada hacia el castigo corporal se arraiga en la tradición de pegar a los
niños."
Gordon Moyes, D.D., autor,
educador, pastor de la
Iglesia de
la Unión
; superintendente de
la Misión
Central de Wesley,
Sydney, Australia.
"El muy extendido argumento religioso que
respalda el castigo corporal está basado sobre unas cuantas citas religiosas
aisladas del Libro de los Proverbios. Usando la misma clase de lecturas
selectivas uno puede fácilmente citar
La Biblia
como autoridad para justificar la práctica
de la esclavitud, la opresión rígida de las mujeres, la poligamia, el incesto,
y el infanticidio. Me parece a mí que la práctica brutal y vengativa del
castigo corporal no puede ser reconciliada con los mayores temas del Nuevo
Testamento que enseñan amor, perdón y respeto por la belleza y dignidad de los
niños, y rechazan de modo abrumador la violencia y la venganza como medios para
resolver los conflictos humanos."
Thomas E. Sagenford,
pastor de
la Iglesia
Unida
Metodista,Toledo, Ohio
"El desarrollo del dominio de sí mismo, al
cual nosotros llamamos conciencia, procede de la interacción apropiada de los
niños con sus tutores. Las experiencias infantiles del amor y del respeto
favorecen el desarrollo de la conciencia, mientras que la experiencia del miedo
o del dolor derivadas de nalgadas y palizas, impide
este desarrollo. El castigo físico de los niños debe terminar si nuestra
sociedad va a verse gobernada por la conciencia y el autocontrol en vez de
serlo por su ausencia."
H. Patrick Stern, M.D., Profesor
asistente de
Pediatría, Psiquiatría, y
Pediatría del
Comportamiento, Universidad de
Arkansas
de Ciencias de
la Medicina.
"La imposición de dolor o de malestar, por
muy leve que sea, no es un método deseable de comunicación con los niños."
Asociación Médica Americana,
Colegio de Representantes, 1985
"No reprendan al pupilo precipitadamente ya
que esto entorpece su inteligencia y desalienta su animo. Mejor, repréndalo con
delicadeza, lo cual le dispondrá más a corregirse y seguir adelante con amor y
la esperanza de aprender... Que el maestro diga 'bien hecho.' Porque yo les
aseguro que no hay tal piedra para afilar una buena inteligencia y promover el
amor al aprendizaje como el elogio. En mi opinión, el amor es más apropiado que
el miedo, y la bondad es mejor que los golpazos para educar bien a un niño en
el aprendizaje."
Roger Ascham, (Tutor de
la Reina Isabel
I)
The Schoolmaster, Inglaterra, 1570
"Sólo se usa la vara por malhumor y
debilidad, ya que la vara es un castigo servil que degrada al espíritu aun
cuando corrige, si es que corrige, ya que la consecuencia normal es la de
endurecer."
San Juan Bautista de
La Salle
,
Acerca de
la Conducta
de las Escuelas
Cristianas,
Francia, 1570.
"Los niños deben ser guiados hacia prácticas
nobles por medio del estímulo y el razonamiento, y desde luego no por medio de
golpes y malos tratos."
Plutarco c. 46-
120 A
.C. "La educación
de los niños,
"Vol. I, Moralia, Grecia Antigua.
"Cuando se golpea a los niños, el dolor y el
miedo frecuentemente son los resultados de los que no es agradable hablar y que
posteriormente serán una fuente de vergüenza. Vergüenza que turba y deprime la
mente y lleva al niño a evitar y a odiar la luz. No me ocuparé más tiempo de
este tema. Ya lo conocemos bien.".
Quintiliano c.35-
95 A
.C.,
Institutos de Oratoria,
Roma Antigua..
PREGUNTAS Y RESPUESTAS
P: ¿Qué tienen en
común todos los delincuentes juveniles?
R: Han sido criados por padres que les pegan.
P: ¿Cuál es el
elemento común en la niñez de Hitler, Stalin, Pol Pot, Saddam Hussein?
R: Cado uno, de niño, fue castigado físicamente de manera severa e implacable.
P: ¿Qué tienen en
común todos los prisioneros bajo pena de muerte?
R: Muchísimas palizas durante su niñez.
P: ¿Qué tienen en
común los violadores, los pirómanos,
los terroristas, los verdugos y asesinos en serie, los asesinos de masas, los asesinos sexuales, los secuestradores, los francotiradores,
ladrones, acechadores, y los
estafadores?
R: Una niñez violenta
P: Cual es el niño que nunca se unira a un grupo de delincuentes?
R: Al que se educa con cariño y no se le golpea.
P: Si usted quiere transformar a un
cachorro en perro feroz de ataque, ¿qué hay que hacer?
R: Restringirle el movimiento y golpearlo a menudo.
COMO USTED PUEDE
CONTRIBUIR A UN CAMBIO
Existen muchas personas en su comunidad que nunca
han escuchado las ideas expresadas en Hablando francamente sobre el pegarles a
los niños. ¿No cree que ya es hora de que las
escuchen?
Al compartir y dar copias de esta publicación a
amistades, vecinos, parientes, a los padres de los amigos de sus hijos, líderes
de su comunidad, líderes religiosos, a los maestros de sus niños, y a sus
representantes en el gobierno, usted puede ayudar a sembrar las semillas de una
futura generación más humanitaria, menos violenta, más solidaria y más
productiva. Creemos que todas los profesionales de la infancia y aquellas
personas que ocupan cargos publicos deberian de escuchar este mensaje.
Somos conscientes que algunas personas de su
comunidad rechazarán lo aquí expuesto. Algunas personas se negarán a pensar en
todo esto y hasta se molestarán porque esta información les hace sentir
incómodas. Eso no nos desanima. Ni debería desanimarlo a usted. Hay otros en su
comunidad que desean saber por qué los viejos métodos familiares de educar a
los niños funcionan tan mal. También en su comunidad hay quienes ya están
criando a sus hijos sin violencia y necesitan que se les asegure de que están
haciendo lo correcto. Su cometido es el de comunicarse con esas personas y
compartir con ellas lo que sabe sobre el tema de la violencia física a los
niños. La forma más sencilla de hacerlo es entregandoles una copia de este folleto.
Nosotros tenemos fé de
que pronto llegará el día en que el mundo civilizado contemplará con asombro y
compasión los tiempos en que la gente creía que era bueno pegarles a los niños.
LECTURAS RECOMENDADAS
Gibson, Ian, El vicio
inglés. Barcelona: Planeta, 1980.
Gordon, Thomas y G. Sands, P.E.T. en acción. Mexico City: Editorial Diana, 1977.
Miller, Alice, El
saber proscrito.
Barcelona
: Tusquets, 1990.
TITULOS
EN INGLES
Gibson, Ian, The English Vice.
London
:
Duckworth, 1978.
Greven, Philip, Spare the
Child: The Religious Roots of Punishment and the Psychological Impact of
Physical Abuse.
New York
:
Random House, 1991.
Hyman, I. A.,
Reading
,
Writing and the
Hickory
Stick: The Appalling Story of Physical and Psychological Violence in American Schools.
Boston
:
Lexington
Books, 1990.
Johnson, Tom, The Sexual Dangers of Spanking Children. Booklet available
from PTAVE. Access later throung Table of
Contents or read now.
Miller, Alice, For Your Own Good: Hidden
Cruelty in Child Rearing and the Roots of Violence.
New York
: Farrar, Straus and Giroux, 1983.
(PTAVE strongly recommends all of Alice Miller's works.)
. . ., Thou Shalt Not
Be Aware: Society's Betrayal of the Child.
New York
: Farrar, Straus and Giroux, 1984.
. . ., Banished
Knowledge.
New York
:
Doubleday, 1990.
. . ., Breaking Down
the Wall of Silence.
New York
:
Dutton, 1991.
Montagu, Ashley, Man Observed.
New York
: Tower
Publications, 1971. Especially see Chapter Three, "Crime and
Society."
Newell, Peter, Children Are People Too:
The Case Against Physical Punishment.
London
:
Bedford Square
Press, 1989
Riak
,
Jordan
, How to Prevent Violent Criminal Behavior in the
Next Generation. Booklet available from PTAVE. Access later through Table of Contents or read now.
. . .Plain Talk about Spanking. Booklet available from PTAVE. Access later through Table of
Contents or read now.
Straus, Murray A., Beating the Devil out of
Them: Corporal Punishment in American Families.
New York
: Free Press, 1994.
Welsh, Ralph S., "Severe Parental
Punishment and Delinquency: A Developmental Theory." Paper presented at
the American Psychological Association Convention,
New Orleans
, 1974. Reprint available from the
author:
2591 Main Street
,
Bridgeport
,
Connecticut
,
06606
.
De Zulueta, Felicity, From Pain to
Violence: The Traumatic Roots of Destructiveness. Northvale, New Jersey: Jason Aronson, Inc, 1994.
Aparicio, Julio Enrique. “El castigo a los niños y la politica criminal”.
Octubre 2007. http://revista-cpc.kennedy.edu.ar/Edicion003/ PoliticaCriminal.aspx
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